Día 55 · martes, 24 de febrero

Lo Que Él Pide

"Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma;"DEUTERONOMIO 10:12

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 55, Lo Que Él Pide.

Deuteronomio 10:12. Escucha este versículo con atención: "Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?"

Fíjate en la primera palabra: "ahora, pues". No es el comienzo del discurso de Moisés. Es la conclusión de un relato largo — acaba de recordarle a Israel todo lo que Dios ya hizo: el rescate de Egipto, el cruce del mar, la provisión en el desierto, el perdón después del becerro de oro. Solo después de contar toda esa historia es que Moisés pregunta: ¿y ahora, qué pide Dios?

Esto importa muchísimo. La obediencia que viene a continuación no es condición para el amor de Dios — es respuesta a él. Dios ya amó primero. Ya rescató primero. Ya perdonó primero. La pregunta "¿qué pide él de mí?" solo tiene sentido después de reconocer todo lo que él ya hizo por mí.

¿Y qué pide? Cuatro cosas. Vamos a mirar cada una con cuidado.

Primero: temer a Jehová. Esto no es miedo cobarde, no es terror que te hace huir. Es reverencia — reconocer con seriedad quién es Dios, su grandeza, y responder a esa grandeza sin trivializarla. Es vivir como quien sabe delante de quién está.

Segundo: andar en todos sus caminos. Fíjate en la palabra "todos". No algunos caminos, los más cómodos, los que combinan con tu personalidad. Todos. Porque la obediencia selectiva — escoger a dedo qué vamos a obedecer y qué vamos a ignorar — sigue siendo, en el fondo, desobediencia disfrazada de fe.

Tercero: amarlo. De nuevo esa palabra que aparece tanto en Deuteronomio. Dios no quiere solo cumplimiento de reglas; quiere el corazón. Puedes obedecer por miedo, por costumbre, por obligación — pero Dios pide amor. Y el amor lo cambia todo, porque transforma el deber en deseo.

Cuarto: servir a Jehová con todo el corazón y con toda el alma. El servicio que Dios pide no es trabajo forzado, como un esclavo que cumple una tarea sin importarle el resultado. Es entrega interior. Él no quiere tus manos sin tu corazón junto a ellas.

Y mira cómo estos cuatro verbos se entrelazan: temer, andar, amar, servir. No son cuatro tareas separadas en una lista de deberes espirituales. Son la misma vida, vivida por dentro y por fuera, sin contradicción entre lo que sientes y lo que haces.

Entonces hoy quiero invitarte a hacer algo sencillo, pero concreto. Lee estos cuatro verbos en voz alta: temer, andar, amar, servir. Y elige uno de ellos — solo uno — para vivirlo de una manera específica antes del mediodía. Quizás sea detenerte a reverenciar a Dios antes de una decisión importante. Quizás sea obedecer en un área que has estado evitando. Quizás sea un gesto concreto de amor hacia él. Quizás sea servir a alguien de corazón, sin murmurar.

Elige uno. Y vívelo hoy.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.