Día 52 · sábado, 21 de febrero

Más de Él

"Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe."JUAN 3:30

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 52, Más de Él.

"Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe." Juan 3:30.

Quédate con esa palabra. Es necesario. No es una sugerencia. No es una meta para los más avanzados en la fe. Es necesario. Y quien lo dijo no era alguien vencido ni resentido. Era Juan el Bautista — el profeta más grande que Israel había conocido — y lo dijo con el gozo cumplido. Con paz. Con claridad absoluta.

Piensa en Juan. Las multitudes dejaban Jerusalén para ir al desierto a escucharlo. El pueblo cruzaba el Jordán para ser bautizado por él. Tenía una voz, un movimiento, una autoridad que pocos hombres han tenido. Y entonces Jesús comienza a reunir a todos. Los discípulos de Juan se inquietan. "Maestro, mira — todos se van con él." Y Juan sonríe. Porque Juan sabía quién era él: el amigo del esposo. No el esposo.

Y ahí está la libertad. Cuando sabes tu lugar de verdad — cuando lo aceptas en lo profundo — ya no necesitas competir. Ya no necesitas defender tu espacio ni reclamar tu reconocimiento. Juan no estaba perdiendo; Juan estaba cumpliendo su propósito. Como el lucero del alba que brilla en la oscuridad y guía la mirada hacia el horizonte — no hacia sí mismo, sino hacia donde el sol va a nacer. Cuando el sol sale, el lucero no es derrotado. Hizo lo que vino a hacer.

Y aquí es donde esta palabra nos toca hoy. Porque nuestro instinto va en la dirección contraria. Nuestro instinto es crecer, ser vistos, ser reconocidos, ser recordados. Eso no es maldad — es lo humano. Pero el Espíritu nos llama a otro camino. Cristo crece en nosotros — no en una sola entrega dramática, sino en las pequeñas. Una opinión que sueltas. Un mérito que le das a otro sin hacer alarde. Un silencio elegido cuando podrías haber hablado de ti mismo. En esas pequeñas rendiciones diarias, Jesús va ocupando más lugar. Y nosotros, menos.

Pregúntate hoy — en cada conversación, en cada reunión, en cada mensaje que envías — ¿hacia dónde estoy señalando? ¿Hacia mí, hacia lo que yo hice, hacia lo que yo pienso? ¿O hacia él? La humildad no es fingir que no tienes nada que ofrecer. La humildad es redirigir. Es decir: lo bueno que hay en mí viene de él — y es hacia él que apunto.

Entonces hoy, antes del desayuno, antes de que empiece el ruido del día, haz una sola cosa: abre en Juan 3, versículos 27 al 30, léelo despacio, y nombra — en voz alta o por escrito — un área de tu vida donde el reflector necesita pasar a Jesús hoy. Puede ser en el trabajo. Puede ser en tu hogar. Puede ser una relación, un proyecto, un don que llevas. Un área. Ponla en sus manos. Y deja que él crezca ahí.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.