Día 51 · viernes, 20 de febrero

Dos Testigos

"Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera."NÚMEROS 35:30

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Transcripción

Hola, mi querido… qué alegría estar contigo un día más. Esto es By God's Call — día 51, Dos Testigos.

"Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera." Números 35:30.

A primera vista, este versículo puede parecer solo una regla jurídica antigua, lejana a tu vida diaria. Pero quédate conmigo, porque debajo de esta ley hay uno de los principios más profundos sobre el carácter de Dios: Él toma la justicia tan en serio que no permite que una sola voz decida el destino de una vida.

Piensa en el contexto. Israel acababa de recibir leyes sobre ciudades de refugio — lugares donde alguien que matara sin intención podía huir y estar protegido de la venganza de la familia de la víctima. Y en medio de esas leyes, Dios inserta esta protección: ninguna persona puede ser condenada a muerte basándose en el testimonio de un solo testigo. Se necesita más de una voz confirmando la misma verdad.

¿Por qué? Porque un testigo puede estar equivocado. Puede estar enojado. Puede tener un motivo oculto. Y Dios, que es justo hasta el último detalle, no va a permitir que se quite una vida basándose en algo tan frágil como la palabra de una sola persona herida o apresurada.

Este patrón no aparece solo aquí. Atraviesa toda la Biblia. Deuteronomio lo repite. Jesús lo enseña cuando habla de resolver conflictos entre hermanos. Pablo cita este mismo principio en sus cartas a las iglesias. Del Antiguo al Nuevo Testamento, Dios es absolutamente consistente: no permite que juicios importantes se hagan a la ligera.

Y aquí hay algo que toca directamente tu vida hoy, mi querido: si Dios exige tanto cuidado antes de quitar una vida física, imagina el cuidado que espera de nosotros antes de destruir la reputación de alguien con un comentario, un rumor, una suposición. Cuántas vidas — cuántas amistades, cuántos matrimonios, cuántas iglesias — han sido heridas porque alguien creyó una sola voz, sin verificar, sin confirmar, sin detenerse a escuchar el otro lado.

Esta ley protege dos lados a la vez. Protege a la víctima, exigiendo que se haga justicia. Pero también protege al acusado, para que nadie sea condenado injustamente por una mentira o un malentendido. La justicia de Dios siempre tiene dos manos — una que defiende al herido, otra que protege al inocente.

Y no se puede hablar de esto sin recordar a Jesús. Él fue condenado por falsos testigos — testigos que, según los propios evangelios, ni siquiera concordaban entre sí. Él fue víctima exactamente del tipo de injusticia que esta ley intentaba impedir. Cristo conoce, en carne propia, lo que es ser juzgado sin justicia. Y aun así, eligió perdonar.

Entonces, mi querido, aquí está la invitación de hoy: antes de repetir algo que escuchaste sobre alguien — un comentario en el trabajo, un chisme de la iglesia, una suposición sobre la intención de alguien — detente un segundo. Pregúntate: ¿tendría el valor de decir esto frente a la persona? ¿Tengo un segundo testigo que confirme esto, o solo escuché un lado? La lengua tiene poder de vida y muerte, y Dios nos llama a usarla con el mismo cuidado que Él usa al juzgar.

Guarda esto en tu corazón hoy. Habla con cuidado. Confirma antes de condenar. Hasta mañana, mi querido.