Día 45 · sábado, 14 de febrero
"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."ROMANOS 8:38-39
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 45, Nada nos separa.
Escucha estas palabras de Pablo, en Romanos 8, versículos 38 y 39:
"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."
Fíjate en lo que Pablo hace aquí. No dice "ojalá nada me separe." No dice "espero que sea así." Dice: estoy seguro. Es una declaración que viene de alguien que ha pasado por el fuego — que ha conocido el hambre, la cárcel, el naufragio, el rechazo — y que sale del otro lado diciendo: lo sé. No lo deseo. Lo sé. Pablo escribe esto encadenado. Y aun así: certeza, no anhelo.
Y entonces empieza la lista. Y qué lista. La muerte — lo que más nos paraliza. La vida — con todo su ruido, su prisa, sus golpes. Ángeles, principados, potestades — fuerzas que están más allá de lo que nuestros ojos pueden ver. Y luego lo presente. Y lo por venir. Pablo no deja nada afuera. Va barriendo cada amenaza posible, una por una, y las descarta a todas. Como si dijera: ¿pensaste en esta? Tampoco. ¿Y en esta otra? Tampoco. Ninguna llega.
Y aquí quiero detenerme un momento, porque esto lo cambia todo. "Ni lo presente, ni lo por venir." Lo que todavía no ha pasado en tu vida — la preocupación que te roba el sueño, el miedo a lo que puede venir — eso también está cubierto. Tu mañana ya está dentro de la promesa. No vas a entrar en un día donde el amor de Dios no alcance. Ese día no existe.
Pero hay algo todavía más hondo. Pablo dice que este amor está en Cristo Jesús. No flota en el aire, dependiendo de que tú te sostengas con fuerza. Está anclado en la obra de Jesús — en lo que Él hizo, en lo que Él es. El que sostiene no eres tú. Es Él. Y eso transforma la naturaleza de tu seguridad. No depende de la firmeza de tus manos.
Entonces quiero hablarle a quien está en un día frío. Un día en que Dios parece lejos. En que la oración sale vacía. En que la fe está baja. Escucha: sentirte lejos de Dios no es lo mismo que estar lejos de Dios. El termómetro de la emoción miente. La verdad del texto no miente. En los días fríos, la pregunta es: ¿confío en lo que siento, o confío en lo que está escrito? Pablo eligió lo que estaba escrito. Y lo que está escrito es esto: nada — nada — puede separarte de ese amor.
Y entonces hoy te hago una invitación. Antes del desayuno — antes de mirar el teléfono, antes de empezar el día — toma una tarjeta, un papel, lo que tengas, y escribe con tu propia mano: "nada puede separarme del amor de Dios." Y déjala donde tus ojos pasen durante todo el día. En el escritorio. En el espejo. En tu bolsillo. Porque la verdad que ves repetida a lo largo del día va calando hondo, va convirtiéndose en convicción. Así llegó Pablo a donde llegó. Así llegas tú también.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.