Día 38 · sábado, 7 de febrero
"Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos."MARCOS 12:31
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 38, Ama a Tu Prójimo.
Marcos 12:31 — escucha esto bien: "Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos."
No hay otro mandamiento mayor que éstos.
Jesús lo dijo. No como sugerencia, no como ideal lejano — lo dijo como la medida de todo. Y si Jesús dice que no hay nada más grande que esto, entonces todo lo demás que hacemos en la fe — toda oración, toda doctrina, todo esfuerzo religioso — encuentra su forma y su sentido dentro de este amor. Si no cabe aquí, hay que preguntarse si cabe de verdad.
Y nota algo que es fácil pasar por alto: dijo el *segundo.* No el único, sino el segundo. El primero es amar a Dios con todo tu corazón. El segundo es amar al prójimo como a ti mismo. Dos amores, una sola respuesta. Porque no se puede abrazar a Dios con los brazos abiertos y al mismo tiempo darle la espalda al que vive al lado. Los dos van juntos, o ninguno de los dos va en serio.
¿Y quién es ese prójimo? Nos gusta hacerlo grande y abstracto. "La humanidad", "el mundo entero"… porque es más cómodo amar en general que amar en particular. Pero Jesús no habla de conceptos. Habla de personas concretas. El prójimo es quien Dios puso a tu alcance — tu vecino de pared, el compañero de trabajo que lleva días callado, el familiar que espera una llamada. El amor empieza en tu dirección real, no en una idea.
Y la medida que Jesús da es brillante en su sencillez: *como a ti mismo.* No tienes que inventar una nueva escala. Ya la conoces. Te cuidas por instinto — buscas descanso cuando estás agotado, buscas compañía cuando estás solo, buscas alivio cuando te duele algo. Ese instinto está en ti. Jesús simplemente dice: vuélvelo hacia afuera. Lo que harías por ti, hazlo por el otro.
Pero hay algo que lo impide. La prisa. Vivimos a una velocidad que nos hace ciegos. Pasamos junto a personas todos los días — en el pasillo, en el ascensor, en la calle — y no vemos a nadie. Solo vemos el siguiente punto en nuestra agenda. Y amar al prójimo empieza antes de cualquier acción; empieza en mirar. Empieza en bajar el ritmo lo suficiente para notar que esa persona que tienes al lado lleva algo pesado. Quizás no te lo diga nunca. Pero Dios lo sabe — y te puso ahí cerca por alguna razón.
No hay mandamiento mayor. No hay excusa para postergarlo. No es para cuando estés más tranquilo, más espiritual, más listo. Es hoy. Es aquí. Es en el lugar exacto donde ya estás.
Entonces hoy — una sola cosa. Elige a un prójimo. El vecino, el colega, alguien que Dios ya cruzó en tu camino esta semana. Y haz por esa persona esta mañana algo concreto, algo real, lo que tú quisieras que hicieran por ti. No tiene que ser grande. Tiene que ser verdadero. Una palabra que reconozca. Un gesto que alivie. Una mirada que diga: te veo.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.