Día 34 · martes, 3 de febrero
"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."EFESIOS 2:10
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 34, Obra maestra de Dios.
Escucha estas palabras de Efesios, capítulo 2, versículo 10. Déjalas llegar:
"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."
Somos hechura suya. Pero la palabra que Pablo eligió en griego no es una palabra cualquiera para "creación." Escribió poiema — obra labrada, poema, arte. De esa palabra viene la nuestra: "poema." Detente un momento en eso. Dios no te fabricó en masa. Te compuso. Como un artesano que elige cada línea con cuidado, cada trazo con intención — así te hizo a ti. No eres un borrador que Él tolera mientras espera algo mejor. Eres su obra. Hecha con propósito. Hecha con amor.
Pero — y esto importa mucho — el versículo 10 no llega solo. Viene después de dos versículos que hacen guardia en la puerta: salvos por gracia, mediante la fe, no por obras. Eso va primero. La gracia va primero. No realizas buenas obras para ganarte el amor de Dios. Ya tienes el amor de Dios. Las buenas obras nacen de eso, no para producir eso. ¿Ves la diferencia? Una invierte el orden. La otra vive en libertad.
Y hay más. En Cristo, Dios no tomó lo que eras y le puso un parche. Comenzó algo nuevo. Una nueva creación — con propósito incorporado desde el principio. No fuiste salvo y luego abandonado a descubrir qué hacer con eso. El propósito ya estaba dentro de la obra cuando Él la creó. Llevas dirección en tu ADN espiritual.
Y las buenas obras de hoy — Dios ya las preparó. Antes de que abrieras los ojos esta mañana, Él ya había puesto en tu camino momentos de cuidado, palabras de aliento, gestos de misericordia. No tienes que inventar tu propósito. Tienes que descubrir lo que Él ya dejó listo.
Y aquí — necesito ser directo contigo: Dios dice que andemos en esas obras. No que corramos. No que nos agotemos. Andar. Pasos firmes, fieles, uno a la vez. La obediencia no es una carrera desesperada. Es un camino — recorrido con Dios, a su ritmo, con su fuerza.
Entonces hoy, antes del desayuno, haz una sola cosa. Abre la mano, inclina el corazón, y pide: "Dios, muéstrame una buena obra que preparaste para hoy." Y quédate quieto un momento. Lo primero que llegue al corazón — una persona, un gesto, una palabra — anótalo. Y hazlo. No mañana. Hoy. Esa es la obra maestra en movimiento — el poema de Dios viviendo en el mundo a través de ti.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.