Día 33 · lunes, 2 de febrero
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí."GÁLATAS 2:20
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 33, Cristo vive en mí.
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." Gálatas 2:20.
Detente un momento con esas palabras.
Pablo no está describiendo una mejora de carácter. No te está pidiendo que te esfuerces más, que te disciplines mejor, que te portes bien. Está hablando de algo mucho más profundo — un entierro. El viejo yo, el yo que vivía de su propio esfuerzo, que intentaba ganar lo que ya había sido dado, ese yo fue crucificado junto con Cristo. La gracia no empieza con un programa de mejora personal. La gracia empieza con un funeral.
Y eso puede sonar radical. Pero es exactamente lo que Pablo dice: ya no vivo yo. El centro de gravedad se movió. El esfuerzo propio dejó el mando. No porque hayas rendido, sino porque alguien más grande tomó la dirección.
Cristo en ti. No como un supervisor distante que monitorea tu desempeño desde arriba. No como una lista de reglas que intentas cumplir a duras penas. Sino como el Salvador que mora adentro — que vive, que habita, que obra desde el interior de tu vida. La vida cristiana, en su esencia más profunda, es Cristo viviendo su propia vida en la tuya. No estás imitando a Jesús desde lejos. Estás siendo habitado por Él desde adentro.
Y Pablo es muy concreto sobre el escenario donde esto ocurre. No solo en el templo, no solo en los momentos sagrados. Él habla de esta vida, de esta agenda, de este día que estás viviendo ahora mismo. El Cristo que mora en ti es para el lunes ordinario, para la reunión que te va a agotar, para la conversación difícil que no quieres tener, para el cansancio que ya llegó antes del mediodía. Él es Señor de las horas comunes.
Pero entonces Pablo hace algo que me detiene en seco. En medio de toda esta teología enorme, escribe en singular: me amó. No "amó al mundo en general" — me amó. Personal. Con nombre propio. La fe no descansa en una idea abstracta del amor divino. Descansa en un amor que conoce tu rostro, que sabía tu nombre antes de que nacieras, y que aún así eligió la cruz — por ti, específicamente, de manera deliberada y real.
Eso lo cambia todo. No estás viviendo la vida cristiana por obligación ni por miedo. Estás viviendo por fe en un amor que se entregó a sí mismo por ti con toda intención.
Entonces hoy, antes del desayuno, antes de abrir el teléfono, antes de entrar en el ritmo del día — detente. Un momento. Y ora una sola frase: "Jesús, vive este día en mí." Después mira la primera tarea de tu lista — lo que sea — y entrégasela a Él. No como un ritual. Como una realidad. Porque si Cristo vive en ti, entonces este día también es de Él.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.