Día 29 · jueves, 29 de enero
"Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien."SALMOS 139:14
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 29, Una obra admirable.
Salmos 139, versículo 14. Escúchalo bien:
"Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien."
Mi alma lo sabe muy bien. No lo sospecha. No lo espera con dudas. Lo sabe. Hay una certeza ahí que va mucho más profundo que el pensamiento — llega al alma.
Fíjate en algo. David no empieza este versículo analizándose. No amanece haciendo un inventario de lo que le gusta y lo que no le gusta de sí mismo. Empieza adorando. "Te alabaré." La alabanza va primero. Y eso no es un detalle menor — porque la identidad nunca se va a afirmar mientras sigamos mirando al espejo antes de mirar al Creador. El espejo distorsiona. Exagera lo malo, minimiza lo bueno. Pero cuando empiezas por el Dios que te formó, algo cambia. Empiezas a verte con Sus ojos.
¿Y cómo te vio Él cuando te formó? Con intención. Con cuidado asombroso. El versículo anterior dice que Dios te entretejió en el vientre. Entretejió — no te ensamblaron en una cadena de producción, no combinaron rasgos al azar. Entretejió. Como un artesano que sabe exactamente lo que tiene entre las manos, hilo por hilo, con la atención de un artista que firma su obra. Nada en ti es un accidente. La manera en que piensas, lo que te mueve por dentro, lo que te hace reír, lo que te duele — todo eso pasó por las manos de Dios antes de llegar al mundo.
Y entonces David dice: "Maravillosas son tus obras." Maravillosas. Y tú eres una de ellas. Piénsalo. El mismo Dios que hizo las galaxias, que suspendió los océanos, que pinta cada amanecer distinto al anterior — ese Dios firmó Su nombre en ti. No eres un borrador. No eres un proyecto sin terminar. Eres una obra terminada, firmada por el Creador del universo.
Pero el versículo termina con algo que no podemos dejar pasar: "mi alma lo sabe muy bien." El alma tiene que saberlo. No basta con que la verdad esté en la página — tiene que bajar de la mente y convertirse en certeza en el pecho. Y eso no pasa solo. Pasa cuando lo repetimos. Cuando lo proclamamos. Cuando hablamos esta verdad más alto que el crítico interno que vive susurrando lo contrario.
Porque ese crítico habla, ¿verdad? Habla de lo que no eres. De lo que deberías haber sido. De lo que otros parecen ser que tú no eres. Y la respuesta no es discutir con él — la respuesta es proclamar una verdad más grande. La respuesta es Salmos 139:14, dicho en voz alta, con convicción, hasta que el alma lo oiga y lo crea.
Por eso hoy el llamado es este: antes del desayuno, párate frente al espejo. Mírate. Y agradécele a Dios en voz alta — no de forma vaga, sino por un detalle específico. Tu voz. Tus manos. La forma en que ves el mundo. Elige un detalle y di: "Gracias, Señor, porque así me hiciste." Puede sentirse extraño al principio. Hazlo de todas formas. Porque estás entrenando a tu alma para saber lo que ya es verdad.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.