Día 25 · domingo, 25 de enero
"En el día que temo, yo en ti confío."SALMOS 56:3
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 25, Cuando llega el miedo.
"En el día que temo, yo en ti confío." Salmos 56:3.
Detente un momento con ese versículo. No es la palabra de alguien que nunca tuvo miedo. Es la palabra de alguien que lo tuvo — y eligió de todas formas.
David era guerrero. Había enfrentado leones, gigantes, ejércitos enteros. Y aun así escribió: "en el día que temo." No "si alguna vez flaqueo." No "en los momentos en que olvido quién soy." En el día que temo. Un guerrero, temblando. Y la Escritura no borra eso — lo conserva. Porque la Biblia jamás te pide que finjas. Te encuentra donde realmente estás.
Y ese "cuando" vale más de lo que parece. No es "si el miedo llega" — es cuando. El miedo volverá a tocar la puerta. Eso no es debilidad. No es falta de fe. Es la vida. La pregunta que David responde aquí no es si vas a sentir miedo — la pregunta es: ¿qué decidiste hacer cuando llegue?
No pierdas de vista dónde nació este versículo. El Salmo 56 no fue escrito en un cuarto tranquilo, en un día sereno. Nació cuando David fue apresado en Gat — en tierra enemiga, rodeado de peligro real. Estas palabras fueron probadas donde las apuestas eran verdaderamente altas. No es teoría. Es testimonio.
Y el corazón del versículo está en ese giro: "yo en ti confío." Mira bien lo que David está haciendo. No dice que el miedo desapareció. No dice que de repente se sintió valiente. Dice: elegí una dirección. Confiar en Dios no es un sentimiento que llega cuando por fin te calmas — es una decisión que tomas todavía temblando. Puedes volverte hacia Dios en medio del temblor. Esa es la fe que muestra la Escritura: no ausencia de miedo, sino una elección hecha dentro de él.
Y hay algo más que David nos enseña aquí, y es muy práctico: el miedo vago, sin nombre, crece en la oscuridad. Ese peso difuso que cargas sin poder explicar bien de dónde viene — se alimenta cuando no lo nombras. Pero el miedo que se nombra puede orarse. Cuando le dices a Dios exactamente qué te asusta — no en general, no solo "tengo miedo, Señor" — sino "Señor, tengo miedo de esto, de esta situación, de esta persona, de este resultado" — esa precisión también es confianza. Estás tratando a Dios como alguien lo suficientemente cercano para escuchar la verdad.
Entonces hoy, el llamado es este — y es concreto, es posible, y es poderoso: antes del desayuno, detente. Nombra en voz alta el miedo más grande que estás cargando hoy. Dile su nombre. Y luego ora el Salmo 56:3 sobre él, palabra por palabra: "En el día que temo, yo en ti confío." No como fórmula mágica — como declaración. Como elección. Como el giro que David hizo en tierra enemiga.
El miedo llegará. Pero tú ya decidiste lo que harás cuando llegue.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.