Día 24 · sábado, 24 de enero
"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo."JUAN 14:27
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 24, Una paz que queda.
"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo." Juan 14, verso 27.
Detente un momento en esas palabras. Jesús no las dijo en un día tranquilo. Las dijo horas antes de ser traicionado, arrestado y crucificado. La noche más oscura de la historia estaba a punto de caer — y fue justo entonces cuando abrió las manos y ofreció paz. Piénsalo. La paz que él te está dando no nació en la comodidad. Fue forjada en el lugar más difícil que existe. No es una paz frágil. Es una paz que ya sobrevivió la cruz.
Y él insiste: no es como la que da el mundo. Tú sabes bien de qué paz habla el mundo. Es esa sensación de alivio cuando todo está en orden — cuando hay dinero en el banco, cuando la familia está bien, cuando el médico dio buenas noticias. Pero en el momento en que cualquiera de esas cosas se mueve, la paz se va con ella. Es una paz que depende de las circunstancias. Y las circunstancias no se quedan quietas.
La paz de Cristo es otra cosa. No está colgada del clima de tu semana. Está anclada más hondo — en Cristo mismo, que vive en ti. Y fíjate en lo que dice: "mi paz os doy." La da. Es un regalo. No es un logro que alcanzas si te portas bien, si oras suficientemente bien, si cometes pocos errores. Es una herencia. Se recibe, no se fabrica.
Pero hay una parte que te toca a ti. Jesús dice: "No se turbe vuestro corazón." Eso es un mandato. Y si es un mandato, es porque hay una elección posible. Puedes negarte a ensayar el pánico. Tú conoces ese ensayo — cuando te quedas dando vueltas al problema en la cabeza, imaginando lo peor, alimentando la angustia como si eso fuera a ayudar en algo. Recibir la paz de Cristo incluye decirle no a eso. No porque los problemas no sean reales. Sino porque hay algo más firme que ellos viviendo dentro de ti.
Esta paz no hace desaparecer la tormenta. Esa no es la promesa. La promesa es que esta paz la sobrevive. Cristo en ti es más estable que cualquier cosa que venga contra ti. Y eso lo cambia todo — no porque la situación haya cambiado, sino porque estás parado sobre un suelo diferente.
Entonces hoy — antes del desayuno, antes de mirar el teléfono, antes de salir corriendo al día — siéntate. Dos minutos de silencio. Respira despacio. Y ora una sola frase: "Señor, hoy recibo tu paz." No la recites. Recíbela. Deja que esa palabra aterrice en ti. Eso es lo que se te pide hoy.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.