Día 18 · domingo, 18 de enero
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra."2 TIMOTEO 3:16-17
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 18, Inspirada por Dios.
Escucha esto con cuidado. Segunda carta a Timoteo, capítulo tres, versículos dieciséis y diecisiete: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra."
Toda. La. Escritura.
Quiero que te detengas en esa palabra. Manos humanas sostuvieron la pluma — hombres reales, con miedos reales, con historias complicadas — pero el aliento que movía esas manos vino de Dios. Él exhaló, y las palabras quedaron impresas para siempre. Cuando la Escritura habla, no es simplemente un libro antiguo hablando. Es el cielo abriendo la boca. Es el mismo Dios que creó los mares y las estrellas inclinándose hacia ti hoy y diciéndote: "Esto es para ti. Ahora."
Y no solo las partes que te dan paz. No solo los versículos que memorizaste en la infancia, no solo las promesas que subrayas cuando estás en apuros. Toda ella. Hasta las páginas que normalmente saltas. Hasta los capítulos que te parecen difíciles, lejanos, irrelevantes para lo que estás viviendo. Su voz está ahí también. No somos nosotros quienes decidimos qué partes son inspiradas. Eso ya lo decidió Dios. Toda ella lo es.
Y Pablo dice que es útil — y elige esa palabra con intención — útil de cuatro maneras muy concretas. Para enseñar: forma tu mente, da forma a lo que crees, a cómo ves el mundo, a cómo entiendes a las personas. Para redargüir: confronta lo que está torcido, lo que prefieres ignorar, lo que llevas escondido. Para corregir: no te deja varado en el error, te devuelve al camino. Y para instruir en justicia: poco a poco, día a día, va formando tu carácter, va haciendo de ti la persona que Dios vio cuando te pensó.
Y cuando la Escritura te confronta — y lo hará — no lo leas como rechazo. No es Dios alejándose de ti. Es un Padre que te ama demasiado para dejarte seguir por el camino equivocado. Es una mano firme en el hombro que dice: "No por ahí, hijo. Por aquí." La corrección es cuidado. Siempre lo ha sido.
¿Y cuál es el propósito de todo esto? Pablo lo deja claro: que seas enteramente preparado para toda buena obra. No que acumules conocimiento. No que llenes cuadernos de notas. Sino que seas un siervo listo. Porque las buenas obras no esperan el momento perfecto — ya están esperando en tu día de hoy. En las personas que vas a encontrar. En las decisiones que vas a enfrentar. En los momentos que parecen pequeños pero no lo son.
Entonces hoy, haz esto — y hazlo antes del desayuno. Lee un capítulo. Solo uno. Y antes de cerrar la Biblia, escribe una frase. Una sola frase: "Hoy esto me está enseñando, corrigiéndome o entrenándome para..." Complétala con tus propias palabras. Con tu propia vida. Deja que el aliento de Dios te alcance antes de que el mundo entero llegue a tocar tu puerta.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.