Día 14 · miércoles, 14 de enero
"Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces."JEREMÍAS 33:3
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 14, Clama a mí.
"Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces." Jeremías 33:3.
Quiero que dejes que esa palabra aterrice. Porque no fue dicha en un momento de calma. Jeremías estaba preso cuando Dios habló. Encerrado. Jerusalén sitiada por fuera, el pueblo en angustia, y él adentro de un patio de guardia sin ver salida. Y es justo ahí — en ese lugar cerrado, oscuro, sin respuestas visibles — que el cielo abre la boca.
Eso me dice algo sobre tu situación también. Porque quizás tú estás en un lugar que se siente cerrado. Una circunstancia que no tiene salida clara. Una relación que no se resuelve. Una pregunta que llevas cargando desde hace meses y que todavía pesa. Y la tentación es pensar que el silencio de Dios es abandono. Pero este versículo dice lo contrario — Dios habla en los lugares donde todo parece cerrado.
Y mira lo que dice: "Clama a mí." La iniciativa es de él. No fuiste tú quien tuvo la idea de orar — fue Dios quien extendió la invitación. La oración no es una interrupción del cielo. No molesta, no cansa, no sobrecarga a Dios. Responde a un llamado que él mismo hizo primero. Cuando abres la boca para llamarlo, estás contestando a una voz que ya te llamó antes de que tú abrieras los labios.
Y luego viene la promesa que no negocia: "Yo te responderé." No dice tal vez. No dice si lo mereces. Dice: yo responderé. Antes de que termines la oración, él ya se ha comprometido. Puede tardar. Puede llegar de una manera que no esperabas. Puede sorprender — y casi siempre sorprende. Pero no calla para siempre. El Dios que hizo una promesa en la prisión de Jeremías es el mismo que te escucha hoy.
Pero no te pierdas lo que sigue, porque es lo que hace que este versículo sea extraordinario. Él dice que te va a enseñar "cosas grandes y ocultas que tú no conoces." Eso es más que una respuesta — es revelación. La oración no es solo un pedido enviado al cielo. Es una conversación en la que Dios te devuelve entendimiento que no tenías. Hay cosas que solo se comprenden de rodillas. Perspectivas que solo llegan cuando te detienes y escuchas. Porque las respuestas de Dios siempre son más grandes que tus preguntas. Él ve desde lo alto lo que tú no puedes ver desde el suelo. Ve el horizonte completo. Y cuando clamas, no solo responde lo que preguntaste — te muestra lo que ni sabías que necesitabas ver.
Entonces hoy, una sola cosa. Antes del desayuno, antes de revisar el teléfono, antes de cualquier otra cosa — lleva a Dios una pregunta que has venido cargando. No la lista entera. Una. Hazla en voz alta. Y luego quédate un minuto en silencio, de verdad, escuchando. No porque necesariamente vayas a escuchar una voz audible — sino porque estás honrando que Dios tiene algo que decir. Ese minuto de silencio es un acto de fe. Es decirle: yo creo que tú respondes.
Clama. Él está esperando.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.